CRÓNICA DE UNA DETENCIÓN ARBITRARIA

Fotos y texto: @sincepto – 14 mayo

La sede del Mintur en la Av. Francisco de Miranda estaba siendo violentamente atacada por vándalos encapuchados y armados con botellas, piedras, pirotecnia y cocteles incendiarios.

Estos agresores brotaron de la marcha convocada por el Movimiento Estudiantil que, por la política oficial de prohibir las manifestaciones más allá de Chacaíto, tuvo que cambiar su destino a la sede PNUD en Altamira.

La marcha, sin embargo, fue pacífica. Cargada de pancartas y vítores a la democracia y la libertad. Lo peculiar es que, una vez finalizada, emergen grupos incendiarios que erigen barricadas, queman cauchos y, como en esta ocasión, atacan instalaciones gubernamentales.

El ataque duró no más de veinte minutos, cuando se presentó un poderoso contingente de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y los repelió con gas lacrimógeno y perdigonazos. Los funcionarios militares salieron de la sede de Mintur, y del sentido oeste-este de la Av. Francisco de Miranda. El despliegue militar lo encabezaba un efectivo que empuñaba un arma de fuego larga.

El avance castrense recorrió a gran velocidad el trayecto desde Mintur hasta Parque Cristal. Al llegar detuvo a un nutrido grupo de manifestantes. Es probable que no todos, de hecho pocos, fueran los vándalos de 20 minutos antes.

¿Por qué? Porque no les habría dado tiempo de llegar a ese punto más rápido que la GNB; porque su indumentaria no era la del guarimbero tradicional (máscara anonymous, capucha, pasamontañas, lentes de sky o natación, botellas y piedras en los bolsillos. Además, el dicho popular “pagar justo por pecador” es poderoso por alguna razón. Les tocó pagar por marchar y la GNB los detuvo.

Inesperadamente sucede algo estremecedor: un adulto llora y grita “ese es mi hijo, él no estaba marchando”, mientras un efectivo de la GNB lo neutraliza e intenta doblegarlo. Repite sin cesar su súplica desgarradora.

Sin embargo, un joven de suéter azul y cabello largo es detenido y privado de libertad. Una señora llora y empuja a los guardias, se abre paso entre estos y llega al mismo muchacho, a quien abraza para evitar que lo apresen. Pero el funcionario militar igual se lo lleva y esta señora, al verlo alejarse en la motocicleta que lo conducirá a la cárcel, le grita: “Dios te bendiga hijo”.
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Publicado en Atodomomento.com

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