Bs. 640 una empanada. Supongamos que la economía fantasiosa y artificial bajo la cual vivimos desde la imposición del control de cambio se sincera. Como consecuencia, muchos de los subsidios gubernamentales cesarían, subsidios como: el de la harina, el de la carne, el del gas o electricidad para cocinar, el de la sal y el del aceite vegetal para, de repente, hacer una empanada.
¿A qué precio llegaría esta empanada?
En una economía sana, sincera y de verdadero libre mercado no costaría menos de USD 0,75. Es decir, a precio de dólar negro en Venezuela, el que lamentablemente dicta las pautas de nuestra economía, sería un aproximado de… Bs. 600
Pero ese escenario supuesto no termina ahí… Con el cese del asfixiante control de cambio (medida que, por demás, es política y no económica y ya veremos por qué), los empresarios tendrían acceso a la divisa que requieren para adquirir su materia prima, para importar, para comprar los repuestos de su maquinaria y para, en conclusión, reactivar el aparato productivo del país.
Con ello, el desempleo mermaría. Y no se diga que tenemos una tasa baja de desempleo porque no es así. El índice que enarbola orgullosamente el gobierno no discrimina de aquel que, en efecto, tiene acceso o no a la seguridad social. Es decir, hasta al buhonero lo considera como un empleado «formal», cuando no lo es.
Entonces, tendríamos una empanada por encima de los Bs. 600, pero también tendríamos un sueldo mínimo que no se desprendería de casi su 10% para adquirirla.
Pero ey, espere, aún hay más.
Esa empanada de Bs. 80 que usted se come en Sabana Grande, no lo olvide, está al menos en un 90% subsidiada por el gobierno que, irónicamente, usted rechaza o que, en un caso mucho peor, estúpidamente usted apoya.
No es casualidad que los índices de aprobación y simpatía de los «líderes políticos» que nos gobiernan son (y han sido históricamente) directamente proporcionales al precio del barril de petróleo, fuente primordial de los subsidios o, dicho más propiamente, de las políticas populistas, clientelistas, altamente tóxicas y nocivas para el sano proceder de una libre economía de mercado donde el que más suda, más gorda se come la empanada.
¡Buen provecho!
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