EL PERFUME DE LA DEMOCRACIA MADURISTA

Rafael Hernández. Caracas.

Sin descartar que sea por una treta de la memoria, el olor del gas lacrimógeno está ya asociado a una manifestación popular en las calles de las principales ciudades venezolanas.

El 15 de febrero de 2014 hubo una asamblea de estudiantes en la plaza Alfredo Sadel, Las Mercedes, que empezó a las 11:00 a.m. Tan solo una hora después, la multitud se enrumbó a Chacaito, para llegar la avenida Francisco de Miranda y de ahí llegar hasta Altamira. Multitud que, midiéndola al ojo, podrían ser mil quinientas personas. A diferencia de la jornada de protestas de ayer, la gente no tomó la autopista porque las autoridades (barricadas de la Policia Nacional o la Guardia Nacional Bolivariana) bloquearon los accesos.

La multitud llegó a Altamira aproximadamente a las tres de la tarde. El ambiente, sin embargo de ser festivo y de algarabía, siempre se mantuvo tenso. Un olor picante y denso, precedente del pánico colectivo y de la enloquecida horda resguardándose del gas tóxico, pareció emerger del asfalto frente al obelisco de la Plaza.

La multitud de estudiantes, hasta este punto, estuvo acompañada de personas más adultas: madres, padres, tíos, profesores y curiosos.

Desde la entrada del hotel Four Seasons, diagonal a la Plaza Altamira, empezaba a compactarse la multitud, hasta llegar al distribuidor vial hacia la Francisco Fajardo. Justo en ese punto, a escasos metros del Banco del Libro. Ahí terminaba la manifestación y empezaba el dispositivo de seguridad de la Policía Nacional Bolivariana, tres columnas de efectivos y detrás de ellos dos camiones-ballenas.

Durante dos horas, sin interrupción, volaban piedras de parte de los estudiantes y bombas lacrimógenas del lado de la policía. Un humo pesado, verdoso y picante que hacía retroceder a los huelguistas sistemáticamente para que, pasado un intervalo de diez o quince minutos, volvieran a encararlos.

Voceaban coros como “Amigo policía, únete a la lucha”, “Policía, hermano, por ti también luchamos” o “y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer.

Alrededor de las 7 de la noche se calmó parcialmente la situación. La avenida se encontraba obstaculizada por desechos, basura quemada y estructuras de metal arrancadas de las aceras. Los estudiantes bajaron en bloques a encarar a los policías y de estos salieron varios voceros a dialogar. Su petición: querían tomar la autopista e inclusive enrumbarse a Miraflores. Fue cuestión de diez minutos para que la policía volviera a repelerlos disparando gas.

En cuatro días consecutivos de protestas, que empezaron el 12 de febrero en una marcha hacia el Ministerio Público en el que perecieron 3 manifestantes, los estudiantes se han mostrado tenaces en su resistencia. De igual forma, los organismos de seguridad del estado han mantenido una posición férrea para disolver las protestas y hacerlos menguar. Ningún lado ha cedido.

Ya han pasado a engrosar las estadísticas, para la fecha de 15 de febrero de 2014, 91 detenidos a nivel nacional, de los cuales al menos quince declaran haber sido torturados durante su cautividad.

10:35 p.m. del 15 de febrero, las calles aledañas a la Plaza Altamira aún conserva un hálito penumbroso de gas lacrimógeno, los estudiantes coordinan una vigilia y consideran acampar en el lugar a pesar de la nube tóxica que guarnece a la atmósfera.

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